La silla que invito a la vaca a sembrar tomates.
Esta era una ciudad donde vivía Pablo junto a su familia, Pablo era un niño solitario y era por ello que disfrutada de jugar solo. El juego era la única forma que encontraba para divertirse, puesto que era la oportunidad de darle vida a los juguetes, aunque ante los adultos fuese algo extraño para él
era la mejor que le podía pasar.
Un día entro en su cuarto y tomo en sus manos lo primero que encontró, eran una vaca y una silla que a partir de ese momento pasarían a ser dos maravillosos compañeros de juego.
Para darle inicio a su juego tomo el viejo armario donde estaban sus zapatos y lo transformo en la cuidad de los bananos, el lugar que habitaron la vaca y la silla.
La silla estaba aburrida en la última casa de la ciudad, un poco pensativa porque no estaba conforme con aquel lugar habitado en su mayoría por bananos; diciéndose a sí misma -si hubiera más personas a parte de los bananos, mi amiga la vaca (Poqui) y yo este lugar tendrían mucha más alegría y nuevas con las que compartir.
Así que fue corriendo a donde Poqui para que la ayudara a buscar una solución. Al llegar a casa de su amiga, se sorprendió puesto que no la había encontrado regando las flores de su jardín como de costumbre, así que corrió gritando POQUI DONDE ESTAS POQUI, por cada lugar de la casa; cuando a lo lejos escuchaba a su amiga llamándola -Patitas espérame en la sala que te tengo una sorpresa.
Así que Patitas se sentó en la silla esperando con ansias la sorpresa que le tenía su amiga; cuando de pronto vio a su amiga caminando con algo entre las manos, -será un nuevo vestido- pensaba –o quizás sea una nueva sopa de banano- cuando finalmente estuvieron frente a frente ella le mostro su nueva torta de banano, algo que entristeció a Patitas porque realmente estaba aburrida de solo estar rodeada de bananos.
-Que te pasa patitas- pregunto Poqui, ella con algunas lagrimas en los ojos le conto la razón por la cual lloraba. –no te preocupes patitas encontraremos algo para que no te sientas triste, por el momento disfruta de esta torta de bananos.
Cuando se comió el primer bocado sintió que algo cayó de las manos de Pablo, era una cosa muy extraña pero salto de alegría pues se le había ocurrido sembrar en el jardín de su amiga aquello tan extraño. La regaron con agua de banano en y en pocos instantes algo rojito y redondito empezó a brotar de la tierra.
Lo cual dibujo una hermosa sonrisa en la cara de Patitas, pero al mirar al cielo no encontró a nadie puesto que Pablo se había dormido comiendo tomate. Desde aquel día de las manos de Pablito surgían nuevos habitantes que hicieron de la ciudad de los bananos un lugar mas alegre.
Katheryn Delgado Coronado.
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