miércoles, 24 de agosto de 2011

De la silla a las maquinas

Mariana cada mañana le brindaba a Juana la más blanca y rica leche de toda la aldea. Antes que se asomara el sol por la ventana, mariana se despertaba para alistarse para ser ordeñada, empujaba con su nariz la vieja silla de madera en la cual cada mañana,  Juana se sentaba para sacar de su vaca tan deliciosa leche que a su familia le ofrendaba.

Una oscura mañana el sol despertó tarde y demoro en tocar la ventana de Juana, quien seguía en la cama soñando que nadaba en un mar de leche con mariana.

La vaca como era de costumbre, no esperaba a que el astro la despertara y empezó a caminar por la granja buscando la vieja silla que despertaría a su ama. Buscaba y buscaba en la oscuridad de la madrugada, pero no encontraba nada, dio más de quince vueltas por toda la granja, pero por más que se esforzaba no sentía en ninguna esquina el olor de la vieja silla. Solo percibía un aroma como a monte que ardía, era un olor nuevo que por toda la granja se esparcía y que borraba el rastreo de la silla.

El sol se despertaba algo perezoso, no amanecía como cada mañana. Juana apenas abría los ojos y se disponía a levantarse para darle a mariana la gran sorpresa.

Mariana seguí preocupada no paraba de buscar la vieja silla por la cual su madres y su abuela también habían sido ordeñadas, representaba para ella la mas vieja herencia y la esencia de la granja.

Juana salía ya de la casa con una sonrisa en la cara, se disponía a mostrarle a Juana el nuevo obsequio que le tenía, era una silla plástica que reemplazaba la vieja de madera deteriorada. ´´seguro que mariana se sentirá muy feliz de que la antigua silla se encuentre incinerada, entenderá que es mejor ajustarse a las modernas formas de ordenada´´, pensaba Juana.

Y es que este solo era el comienzo, luego de la silla vino la bolsa plástica, la leche ultra pasteurizada, el queso empacado al vacio, el yogurts hermético y las propagandas por televisión.

En la granja luego del cambio de la silla, vinieron la maquinas que reemplazaban las manos de Juana. Mariana ya no pastaba en la pradera, estaba encerrada junto con otras cien vacas en una oscura bodega y atrapada por una celda que solo le permitía sacar la cabeza para tomar agua y comer, nunca mas pudo ver el sol, ni arrastrar la vieja silla, su leche ya no era la mas deliciosa de la aldea, sino una bolsa de leche como cualquiera otra exhibida en una tienda de la ciudad.

Juana despierta algo sobresaltada por la pesadilla y recapacita sobre su idea de destruir la vieja silla de madera herencia y tradición de su familia mientras que mariana desesperada la busca por toda la granja.

 

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